Snipe, primera salida

El sábado pasado subimos al Atazar para intentar salir con el Burbujas, si el tiempo lo permitía, que la vela es lo que tiene, se sale cuando se puede, no cuando se quiere. Llegamos al medio día y lo primero fue preparar el barco, como era la primera vez que lo arbolamos entero, le dije a mi proel, que íbamos a dejar lo esencial, entre lo esencial no estaba el tangón, porque entre otras cosas, necesita unos arreglos.

Probamos a izar la mayor, tuvimos ciertos problemas para que deslizara la relinga por el mástil, la próxima vez tenemos que poner algo de jabón en la relinga para ver si se desliza mejor. El que la mayor cueste izarla es un problema en este Snipe, porque la driza de la mayor baja por dentro del mástil y sale en la parte baja para que fijemos el cable metálico al mástil mediante una pieza como esta.

 

 

Lo que significa que si la relinga de la vela no está bien y no desliza, no podemos atar la driza a una cornamusa, sino que debemos izarla completamente para que podamos fijar la driza.

Al poner las ruedas al carro de varada nos damos cuentas que están algo flojas de presión, lo que por un lado fue un engorro, porque  tuvimos que mover el barco por la tierra, pero nos ayudó a bajar el barco por la rampa, que en el caso del pantano de Atazar es algo inclinada.

Con todo preparado, menos las velas, bajamos el barco y lo metimos en el agua, aproado al viento, que en ese momento entraba del agua dirección a tierra. El problema fue, que el viento se fue levantando poco a poco y nos costó bastante controlar el barco en el pontón, sobre todo porque un proel de 9 años no tiene demasiada fuerza para controlar un barco de 172Kg. Por suerte, en el pantalán estaba un caballero que amablemente nos ayudó en la maniobra de salida. Se subió el proel, subimos la orza, que si no has navegado en un Snipe, no te haces una idea de lo que significa la orza de este barco. Con el timón en una mano y la escota de la mayor en la otra, el proel encargado de las escotas del foque, solo necesitamos un pequeño empujón desde el pantalán y salimos fácilmente.

Navegar en un pantano es muy diferente a hacerlo en el mar, no solo por las olas, que en el pantano son muy pequeñas, sino por el viento, que en el mar no suele rolar, mientras que en un pantano, por culpa de las montañas que lo rodean, el viente cambia no solo de dirección, sino también en intensidad. Lo que nos obliga a estar continuamente mirando las lanitas y la superficie del agua, para averiguar por dónde vendrá la siguiente racha.

Estuvimos dando algunos bordos, el barco se comportó estupendamente y el proel se comportó a la altura, tenía que hacerse con un barco que escora bastante y en el que se suele navegar haciendo banda, pero como era la primera vez, no forzamos tanto, como digo estuvimos haciendo algunos bordos muy divertidos, aunque también hubo momentos de calma chicha, en el que las lanitas  estaban pegadas a los obenques, vamos que nos temimos lo peor, tener que remar hasta el pantalán.

Pero el viento, tal como se va viene y se volvió a levantar, en uno de las viradas que estábamos haciendo, el proel se tropezó con la caja de la orza justo cuando arrancamos la virada, lo que provocó que se fuera por la borda, pero con la agilidad de un gato consiguió agarrarse por fuera, solo tuve que estabilizar el barco soltando mayor y agarrarlo por el chaleco salvavidas para meterlo de vuelta en el barco.

Estuvimos un par de horas navegando, lo que nos permitió probar el Burbujas. Volvimos a la rampa y a desarbolar el barco.

 

Aquí mi proel, con el que espero navegar mucho con el Burbujas y seguramente, algún días pase a timonel y yo me encargue de la proa.